SAN ANTONIO DE ARECO / BUENOS AIRES — A poco más de cien kilómetros al noroeste de la capital argentina, en el corazón fértil de la pampa húmeda, una villa histórica custodia con celo el legado más puro de la cultura ecuestre sudamericana. Declarada la Capital Nacional de la Tradición, San Antonio de Areco es un enclave aristocrático donde el tiempo parece haberse detenido a mediados del siglo XVIII: calles adoquinadas flanqueadas por casonas coloniales con rejas de hierro forjado, talleres de orfebrería criolla de prestigio mundial y estancias señoriales que encarnan la cumbre de la hospitalidad de campo.

La Bamba de Areco: hospitalidad cinco estrellas en el Camino Real
El estandarte indiscutido del ultra lujo rural en la región lo constituye La Bamba de Areco, miembro distinguido de la prestigiosa asociación Relais & Châteaux. Emplazada en un casco fundado en 1780 como posta de carretas en el antiguo Camino Real hacia el Alto Perú, esta estancia es una de las residencias señoriales más antiguas y aristocráticas de Argentina.
Su edificio principal, pintado en el tradicional color rojo colonial «sangre de toro», conserva su imponente torre de vigilancia de la época virreinal, patios andaluces con aljibes de mármol y salones con techos de vigas de madera noble y chimeneas encendidas. El predio alberga su propio club de polo (La Bamba Polo Team), canchas profesionales donde entrenan patrones internacionales, paseos en carruajes de época y demostraciones privadas de «doma india» o susurro de caballos a cargo de experimentados gauchos locales.
El arte del cincelado: la platería criolla de la familia Draghi
La identidad de Areco trasciende el paisaje para expresarse en una de las artesanías de lujo más refinadas del continente: la platería criolla. En talleres museo de renombre internacional —como el de la dinastía Draghi—, maestros orfebres cincelan a mano piezas de colección que equipan a coleccionistas privados, reyes y personalidades diplomáticas de todo el mundo.
Trabajando sobre plata pura de ley 925 y apliques de oro de dieciocho quilates, los artesanos forjan cuchillos con hojas de acero al carbono y damasco, empuñaduras en asta de ciervo y alpaca, rastras ecuestres, estribos y mates ornamentales que demandan meses de labor paciente, perpetuando un oficio centenario que hermana la rudeza del campo con la más alta orfebrería de autor.

El Museo Taller Draghi: un viaje a la alta platería
Frente a la arbolada plaza Ruiz de Arellano, en Lavalle 387, el Museo Draghi abre sus puertas para exhibir un valioso patrimonio privado. A través de sus salas, los visitantes descubren la evolución formal y estilística de la platería argentina desde el siglo XIX hasta las piezas contemporáneas. El mayor atractivo radica en la cercanía con el proceso creativo: desde el museo es posible acceder al taller y observar cómo el metal cobra vida mediante técnicas ancestrales de cincel, fuego y forja.
Toda la información institucional, catálogo de piezas e historia de la familia se encuentra disponible en la web oficial del Museo Draghi, con detalles complementarios de visita en Areco Tradición y el portal oficial de Turismo San Antonio de Areco.

La ceremonia del fogón y el buen vivir pampeano
La experiencia en las estancias de Areco se corona con la gastronomía de fogón. En sus restaurantes o Pulperías, los huéspedes disfrutan de la ceremonia del asado criollo cocinado a la estaca sobre brasas de quebracho y espinillo, empanadas de lomo cortadas a cuchillo y confituras caseras de frutos de la huerta orgánica, todo armonizado con los vinos tintos de guarda más selectos del país.
Promovido por Visit Argentina como un tesoro patrimonial insustituible, San Antonio de Areco ratifica que la verdadera elegancia pampeana se nutre de la nobleza de las raíces, el culto al caballo y la hospitalidad sin artificios en medio de la inmensidad del campo argentino.











