PARQUE DEL GOLF / PUNTA DEL ESTE — En el corazón residencial del Parque del Golf, resguardada entre copas de pinos marítimos centenarios y jardines de hortensias, una pintoresca torre medieval de ladrillo y vigas de madera a la vista evoca la serenidad de la campiña europea. Desde 1948, el Hotel L’Auberge custodia uno de los rituales gastronómicos y sociales más queridos y tradicionales de la península: el clásico servicio de té de la tarde y sus legendarios waffles belgas recién horneados.
Una torre de agua convertida en emblema arquitectónico
El origen de este enclave se remonta a 1947, cuando la familia Chaquiriand —en sintonía con el incipiente desarrollo urbano del barrio jardín impulsado en la comarca— inició la construcción de una imponente torre de agua de inspiración normanda y Tudor para abastecer a los primeros chalets que comenzaban a levantarse entre los médanos boscosos.
Lo que nació como una estructura funcional de infraestructura sanitaria pronto cobró vida propia. Alrededor de la torre se desplegó una posada de estilo rústico refinado, con chimeneas de piedra a leña, alfombras nobles, boiserie y mobiliario de anticuario importado de Europa, recreando la calidez de los tradicionales albergues (auberges) franceses y suizos. Con el paso de las décadas, la torre fue adaptada para albergar habitaciones exclusivas con vistas panorámicas de 360 grados hacia las copas de los árboles y el Atlántico.

El rito de los waffles belgas: una receta inalterable desde 1948
El verdadero corazón social de L’Auberge late en su célebre Salón de Té. En 1948, el hotel introdujo en Uruguay la auténtica receta de los waffles de Bruselas, elaborados en pesadas waffleras de hierro fundido importadas especialmente del Viejo Continente.
Servidos al momento, crujientes por fuera y aireados por dentro, los waffles se acompañan con dulce de leche artesanal de campo, chocolate amargo fundido, crema chantilly fresca, miel serrana o confituras caseras de frutos rojos. Este rito vespertino ha trascendido generaciones: abuelos, hijos y nietos de familias esteñas y visitantes de todo el mundo se reúnen en sus mesas de madera o en sus galerías vidriadas tras una jornada de playa o en las tardes frescas de otoño e invierno.
Hospitalidad boutique y remanso de silencio todo el año
Más allá de su propuesta culinaria, L’Auberge se ha consolidado como un referente de la hotelería boutique de alta gama. Con apenas una treintena de habitaciones decoradas de manera individualizada y un parque privado de más de cuatro mil metros cuadrados donde el cantar de los pájaros sustituye al ruido de la ciudad, el establecimiento ofrece una experiencia de desconexión y servicio personalizado que opera los doce meses del año.
Respaldado por el Ministerio de Turismo y la Intendencia de Maldonado como uno de los tesoros vivos del patrimonio turístico departamental, L’Auberge reafirma que el alma de Punta del Este también se forja en el calor del fuego de leña, el aroma a masa horneada y la elegancia atemporal de sus tradiciones.











