La arquitectura que definió al balneario: los míticos chalets de Arturo Dubourg en San Rafael y el Parque del Golf.

SAN RAFAEL / PARQUE DEL GOLF — En la trama urbana de Punta del Este, entre bulevares sombreados por bosques centenarios y el rumor lejano de las olas de la Playa Brava, pervive una época dorada que moldeó para siempre el paisaje residencial de la península. A mediados del siglo XX, la visión del prestigioso arquitecto y urbanista Arturo Dubourg sentó las bases del clásico «chalet esteño», un lenguaje constructivo que unió la nobleza de los materiales tradicionales con el confort moderno y la integración armónica con el bosque costero.

El nacimiento de los barrios parque: San Rafael y el Cantegril

Hacia finales de la década de 1940, Dubourg concibió un modelo urbanístico revolucionario para la costa atlántica. Inspirado en las quintas campestres inglesas y las villas de veraneo de la costa californiana, proyectó barrios jardín de baja densidad como San Rafael, Cantegril y el Parque del Golf, caracterizados por parcelas de gran metraje, calles sinuosas que respetaban la topografía natural de las dunas y la ausencia total de muros divisorios entre propiedades.

La impronta de Dubourg no se limitó al diseño paisajístico: proyectó personalmente más de un centenar de residencias de alto estándar para familias aristocráticas rioplatenses e internacionales, dotando a la comarca de una identidad visual inconfundible que resiste intacta el paso de las décadas.

Techos de pizarra, ladrillo a la vista y chimeneas de piedra

El estilo de Dubourg se distingue por una sobriedad refinada y una ejecución constructiva magistral. Sus obras maestras se reconocen por empinados techos a dos aguas revestidos con tejuelas de pizarra importada o tejas coloniales, gruesos muros dobles de ladrillo cocido a la vista y cimientos elevados con piedra granítica del lugar.

El corazón de estas casas lo constituyen sus imponentes chimeneas centrales, amplios porches de madera laqueada en blanco y galerías cubiertas que actúan como espacios de transición hacia parques poblados de pinos marítimos (Pinus pinaster), eucaliptos y acacias nativas. Los interiores, concebidos para el disfrute intergeneracional, destacan por carpinterías de cedro y roble, pisos de parqué y ventanales repartidos que enmarcan la naturaleza circundante.

Grey Rock y la memoria de los veranos esteños

(Con base en la investigación y testimonio del Arq. Guillermo Traibel)

“Grey Rock era el refugio que tenía en mente para pasar mi vejez. No tenía, por todas las satisfacciones que me dio, ningún valor de venta. Era mía. Por dentro y por fuera.”

Arturo Dubourg

Entre todas sus creaciones, Grey Rock no fue una casa más: fue su última residencia, la definitiva, la más íntima y personal de todas las que concibió. Una arquitectura con voz propia construida en piedra gris, memoria y escenas sociales inolvidables, enclavada en una esquina emblemática del Parque del Golf de cara al océano, con una historia que hoy parece sacada de una novela.

Allí, entre la efervescencia luminosa del verano y la serenidad del invierno esteño, se congregaba lo más selecto y diverso de la escena porteña y montevideana: artistas, figuras políticas, modelos, cineastas, escritores y arquitectos. Personalidades como Bibí Etcheto, Enrique Santos Discépolo, Mecha Ortiz, las hermanas Contestábile, la cineasta María Luisa Bemberg, el tenista y dirigente Enrique Morea, Gustavo Figueroa y los propietarios del legendario hotel L’Auberge formaron parte habitual de su atmósfera.

Grey Rock era un auténtico manifiesto de la sociedad puntaesteña con sus propios rituales. Las tertulias se prolongaban hasta la madrugada; los amigos del balneario se acercaban con la espontaneidad de ver la luz encendida en las ventanas, y los hijos del arquitecto recibían a sus pares en una residencia que funcionaba más como un club exclusivo y acogedor que como una simple vivienda familiar.

Proyecto «El Abrazo»: la cruzada por proteger el legado patrimonial

Con el objetivo de salvaguardar este invaluable tejido histórico y urbanístico frente al avance de transformaciones desmedidas, la Fundación Patrimonio Rodríguez Arnabal impulsa el proyecto de preservación patrimonial El Abrazo (@elabrazo.uy), enfocado específicamente en los barrios de San Rafael y El Golf.

Único por su estructura urbanística y por su densidad cultural, este proyecto invita a la comunidad, a residentes y a profesionales a replantearse las bases fundamentales de la preservación arquitectónica, el respeto por el paisaje forestal y el legado identitario que se transmitirá a las futuras generaciones.

Bajo la premisa de que «preservar este lugar es abrazar nuestra historia», la iniciativa convoca a participar activamente en la protección de estas residencias emblemáticas que, junto a las directrices de la Intendencia de Maldonado y el Ministerio de Educación y Cultura, recuerdan que el verdadero lujo de Punta del Este reside en su memoria, su arquitectura noble y la calidez humana que forjó su historia.